• Luis Antonio de Villena (incluído en la antología Aldea poética III - Haiku)

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  • Luis Eduardo Aute (incluído en la antología Aldea poética II - Poesía en acción)

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  • Paula Izquierdo (Incluída en la antología Lavapiés- Literatura mestizaje)

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  • Alicia Huerta - Delirios de persecución

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  • Javier Gutiérrez - Lección de vuelo

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  • Joaquín Simón Martínez - 1957

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  • Espido Freire (Incluída en Lo del amor es un cuento II)

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  • Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus

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Entrevista a:


Luis Miguel Benito de Benito

Luis Miguel Benito de Benito

Nació en Madrid en 1967. Está licenciado en Medicina por la Universidad de Navarra y doctorado en el Programa de Biología Celular en la misma universidad. Obtuvo el título de Médico Especialista de Aparato Digestivo, vía mir, en 2000. Es licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (uned). Ha sido Facultativo Especialista de Área de Aparato Digestivo en Menorca y en Talavera de la Reina. Además es Máster en Dirección Médica y Gestión Clínica por la uned y Máster en Psicoterapia de Tiempo Limitado (ptl) por el Instituto Europeo de ptl, siendo actualmente profesor del mismo. Ha escrito varios artículos científicos en revistas nacionales y extranjeras especializadas en el aparato digestivo. Actualmente es director de una empresa de servicios médicos relacionados con la Gastroenterología.
«El médico, en cuanto médico, debe estar interesado en el desarrollo de la vida política de su país».

Dices que «la medicina es una disciplina en la que los contenidos científicos se deben despachar con una buena dosis de sentido común, y en la que nunca se debe perder de vista que el destinatario de las prestaciones es un ser humano». ¿Crees que el trato médico-paciente se está convirtiendo –o se ha convertido ya– en un trato empresa-cliente?

No hay nada malo en que la relación médico-paciente emule el binomio empresa-cliente. Lo malo sería que solo fuese eso. Desde la implantación de la Ley de Autonomía del Paciente del año 2000, la figura del médico paternalista frente al paciente ha ido desapareciendo. Los pacientes cada vez toman más parte activa en las decisiones de sus procesos diagnósticos y su tratamiento, de manera que ya no es aquello que evoca a Luis XIV, «todo para el paciente pero sin el paciente». Hay mucha información sanitaria al alcance de todo el mundo, en la red de internet donde, por desgracia, muchos de los que ahí navegan, naufragan. La gente quiere información tanto más veraz y útil cuanto mayor es lo que está en juego, y pocas cosas hay que se estimen más que la salud y la vida. El manejo de esta información útil, su conocimiento, tiene un precio, y siempre que hay transacciones monetarias por medio, hay comercio, hay empresas y hay clientes. Entender la sanidad también como un negocio no tiene que hacer desmerecer el acto médico de calidad, el trato humano. La sanidad como empresa necesita ser viable económicamente porque de lo contrario no puede subsistir. Por supuesto, también se puede dispensar atención sanitaria de manera altruista o por beneficencia y sin duda con un elevado valor moral, pero por desgracia vivimos en un mundo donde poco vale lo que poco cuesta.

¿Consideras que tus estudios en Filosofía te han ayudado o influenciado en tu concepción de la medicina? ¿Piensas que los estudios humanísticos deberían estar más presentes en este campo?

Estoy absolutamente convencido de que lo que aprendí en la carrera de Filosofía ha improntado de manera indeleble en mi forma de ver la medicina y mucho más que eso: me ha ofrecido una forma diferente de entender las múltiples relaciones humanas, los deseos y aspiraciones de la gente, sus temores y angustias, sus necesidades... Contribuye a forjar una weltanschauung, una cosmovisión, una manera diferente de ver el mundo con más amplitud. Ha contribuido a que sea un poco menos soberbio (nótese que no digo «a ser más humilde») al conocer que existen muchas posibles soluciones válidas en mayor o menor medida a los problemas, y a saber que los que nos precedieron... eran muy pero que muy listos.
Aquel ut gigas de Bernardo de Chartres que citaba Newton en una carta a Robert Hooke en 1675: sintiéndonos como enanos que vemos más lejos porque nos movemos sobre los hombros de los gigantes que nos precedieron. Esto te hace ganar en humildad, personal y colectiva. Los estudios humanísticos, el arte, la música, la literatura, la historia y, sobre todo, la filosofía, deberían formar parte del currículo formativo de muchos profesionales, sobre todo de aquellos que aspiran a tratar el lado más sensible y espiritual del ser humano. No es algo reservado a curas o médicos: si los políticos tuviesen formación humanística las naciones no estarían tan desnortadas.

En tu blog encontramos entradas que tratan temas puramente científicos junto con otras más reflexivas y que nos hacen pensar en cómo se configura la sociedad, la idea que tenemos de la sanidad o nuestra propia manera de afrontar los problemas. ¿Es esa tu idea de «un buen médico»?

Yo no tengo la fórmula ni la receta de qué es ser buen médico. El mismo concepto de «buen médico» admite numerosas acepciones. En el sistema sanitario norteamericano, un buen médico es el que consigue numerosos ingresos con pocos pleitos, el que es rentable económicamente. Pero ese buen médico quizá no lo sea tanto –ni bueno ni rentable– en el África subsahariana. Y un paciente agonizante considerará buen médico al que le quite su dolor... Y si el dolor es sufrimiento moral o angustia o temor vital, igual buscas un buen médico que te eutanasie... Para muchos, el médico se gana el adjetivo de «bueno» simplemente por escuchar con paciencia e interés (real o fingido) la retahíla de males que refiere el doliente. En el ámbito tecnocrático que nos rodea, el buen médico es el profesional eficiente (mejor si es de temperamento cálido y afable que frío y distante).
En las diferentes entradas de mi blog, efectivamente, intercalo aspectos técnicos y médicos con cuestiones humanísticas, problemas sociales e incluso controversias del mundo político, pero porque todo repercute en la salud de las personas, que es el ámbito propio de la medicina. Por eso he llegado a sostener que el médico, en cuanto médico, debe estar interesado en el desarrollo de la vida política de su país, pues dependiendo de quién legisle y gobierne se elaborarán unas u otras medidas de convivencia social que serán más o menos saludables para los ciudadanos.

¿De dónde surgió El médico tras la verdad? ¿Qué te animó a publicar? ¿Cómo valorarías la experiencia con opera prima / edición personal?

Mi opera prima El médico tras la verdad lleva por subtítulo una aclaración al título: O lo que más se parece a ella. Corrían los primeros años de este milenio y me rondaba por la cabeza el deseo de acercar lo que es a lo que debe ser. Había estado mirando un libro de Alasdair McIntyre, After virtue, a la vez que volvía a dar vueltas al concepto de verdad desde una concepción metafísica pero sin poder acercarme más que de una manera tangencial, asintótica: la verdad siempre era un concepto más amplio que aquello a lo que había llegado. Procuraba superar el relativismo que denunciaba el poeta –«no tu verdad, ni mi verdad: la verdad»–, pero era imposible. El mundo había cambiado, y en la ciencia, la verdad... era lo que tenía más probabilidad de que fuera verdad, la inferencia estadística, sin más. Lo cierto es aquello que es más probable que sea cierto, quedando todo reducido a mera asociación estadística, lo cual invita a la falacia de confundir asociación con causalidad. Quise poner estas ideas en un plano inteligible y claro, en el campo siempre atractivo de la medicina. Y salieron muchas páginas, demasiadas. Era imposible que hubiese interés mercantil en editar estas ideas. Pero las presenté a un concurso de ensayo convocado por la Real Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares y me dieron el premio, si bien debía «recortar» su extensión, así que me autocensuré. Luego algunos miembros del tribunal me recriminaron que hubiese dejado argumentos inconclusos, como a la libre interpretación del lector, como si fuese un chiste cuyo final... debe imaginarlo el lector. Pero así salió el opúsculo que luego, al ser manejable y de fácil lectura, entregué a edición personal para convertirlo en mi «tarjeta de presentación». Y de hecho la mayor parte de los ejemplares de las dos ediciones no han sido vendidos sino regalados, entregados por mí de mano a mano como tarjeta de visita.

En el post en el que celebras el medio millón de visitas anuncias que tienes previsto escribir, a lo largo de este año, al menos dos libros en los que tratarás los temas que más preocupan a tus pacientes y a tus lectores o telespectadores. ¿Podrías ofrecernos un pequeño adelanto?

El blog que lleva ya más de medio millón de visitas lleva el título de mi opera prima y recoge el espíritu de ella. La versatilidad del blog permite abordar cuestiones rápidas y de candente actualidad. Son más de cien entradas de rápida lectura sobre las que se han hecho más de 2.000 comentarios. Como fruto deseado, el blog resuelve dudas pero contribuye a generar muchas dudas más. Pretende enseñar a pensar, a cuestionar, a reflexionar sobre lo que parece claro y contundente para todos… y que quizá no lo es tanto o no debería serlo tanto. Los dos libros que tengo en mente para este año surgen de los intereses de sendas editoriales, una preocupada por reflexiones emanadas del ejercicio clínico, de mi experiencia en consulta en los últimos 20 años, sobre las preocupaciones de los pacientes, factores de desencuentro o malentendidos entre pacientes y médicos. El otro libro es un recopilatorio de las cuestiones más preguntadas por los pacientes en las redes sociales donde contesto preguntas, principalmente en Doctoralia y en Saluspot. Se trata de seleccionar entre las más de 13.000 preguntas contestadas en los últimos 4 años las que más interés suscitan y de comentarlas.

Considerando los numerosos espacios, además de las consultas, en los que desarrollas tu labor como médico –foros en internet, tu blog, el programa Saber Vivir, etc.–, ¿por qué tienes la necesidad de volver a publicar? ¿Son las personas con las que tratas en tu día a día las que te han motivado para llevar a cabo estos nuevos proyectos?

Es verdad que en ocasiones te descubres escribiendo y pensando «¿pero qué puedo escribir que no esté ya escrito por otros y bellamente expresado?». Pero sucede igual que cuando preparamos los contenidos para un nuevo programa de Saber Vivir. El programa de salud de Saber Vivir lleva 20 años emitiéndose en Televisión Española y no encontramos tema del que hablar que no se haya hablado con anterioridad. Pero se puede contemplar cada vez desde una perspectiva diferente porque, independientemente de los avances de la medicina, el ser humano es polifacético, muestra muchas caras, podemos observarlo desde numerosos prismas y todo enriquece en orden a conseguir esa visión más completa que nos aproxime a eso que se llama verdad. Por decirlo con los versos que el poeta dedicó al río Duero, «Quién pudiera, como tú, / a la vez quieto y en marcha / cantar siempre el mismo verso / pero con distinta agua».
Hace años no existían los blogs. Dentro de unos años ya no habrá ni WhatsApp. Los cauces de comunicación y las plataformas digitales modificarán los modos de interaccionar, pero seguiremos siendo humanos hasta el día en que ya no sepamos que lo somos.

Y mientras lo seamos, seguiremos sintiendo la necesidad de comunicarnos, sea cual sea la vía. Y opera prima / edición oersonal seguirá ahí para acoger a esas voces disonantes cuyo discurso o cuyas inquietudes no encajan o no convienen a los que intentan monopolizar la comunicación entre seres humanos.