• Luis Antonio de Villena (incluído en la antología Aldea poética III - Haiku)

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  • Luis Eduardo Aute (incluído en la antología Aldea poética II - Poesía en acción)

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  • Paula Izquierdo (Incluída en la antología Lavapiés- Literatura mestizaje)

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  • Alicia Huerta - Delirios de persecución

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  • Javier Gutiérrez - Lección de vuelo

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  • Joaquín Simón Martínez - 1957

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  • Espido Freire (Incluída en Lo del amor es un cuento II)

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  • Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus

    Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del tractatus


Entrevista a:


Rosa Montero

Rosa Montero

Escritora y periodista, trabaja en exclusiva para El País desde 1981. Ha obtenido diversos premios literarios, como el Premio Primavera, el Premio Qué Leer y el Premio Mandarache, entre otros. Se muestra sensible a los escritores noveles, a los que siempre ha apoyado.

¿Por qué y para qué escribe Rosa Montero?

Siempre digo que soy una escritora orgánica porque para mí escribir ficción es una necesidad básica como comer o respirar. La mayoría de los novelistas hemos empezado a escribir desde niños y yo también... Mis primeros cuentos los escribí con cinco años y era

sobre ratitas que hablaban. O sea que desde que me recuerdo como persona me recuerdo escribiendo. Escribo porque no sé vivir de otra manera. Es mi forma de estar en el mundo.

Ahora que eres una autora consagrada cuéntanos cómo fue tu primera vez.

No soy una autora consagrada, eso es algo que dudo que nadie pueda sentir... Por lo menos yo no lo siento. El éxito no es algo que poseas, no es algo tuyo, el éxito es una cualidad de la mirada de los otros, y tan pronto te dan esa luz como te la quitan, tú no tienes en realidad nada. Eso aparte, mi primera novela, Crónica del desamor se publicó hace ahora treinta años, y fue un poco por casualidad. Yo siempre estaba empezando novelas y demás, pero lo cierto es que la editorial Debate, entonces muy pequeña, me pidió un libro de entrevistas. Dije que sí, pero luego me aburría hacerlo y les propuse hacer una novela. A ellos les pareció bien, no tenían ni siquiera colección de nivel A. Crónica del desamor es el título número uno en la colección de ficción de Debate.

¿Crees que la capacidad literaria se tiene o se adquiere?

Se tiene una predisposición, una facilidad, pero luego se desarrolla y se aprende con un durísimo trabajo. Como decían los hermanos Goncourt, la literatura es una facilidad innata y una dificultad adquirida. Todos los novelistas que conozco son, o somos, gente con facilidad para escribir (ya digo que normalmente empezamos a hacerlo de niños), pero todos los novelistas que me interesan son aquellos que combaten esa facilidad y se esfuerzan en crecer por encima de ella.

Tu obra se distribuye entre público infantil/juvenil y de adultos. ¿A qué público es más difícil conquistar?

No tengo ni idea. En realidad mi obra es esencialmente de adultos. Me ofrecieron hacer una incursión en el mundo infantil e hice tres volúmenes de Bárbara, unas historias breves sobre una niña. Pero vamos, para mí la literatura infantil ha sido siempre algo muy tangencial.

Sabemos que estudiaste periodismo y escribes en El País Semanal ¿Te consideras más periodista o escritora?

El periodismo escrito también es un género literario, acuérdate de A sangre fría, de Truman capote, que es un reportaje y es un libro literariamente extraordinario. Así es que yo me considero una escritora que escribe ficción, ensayo y periodismo. En cualquier caso, el periodismo es mi trabajo, pertenece a mi ser social. Es un trabajo muy interesante y que me ha gustado mucho, pero no es mi vida. Podría dejarlo en cualquier momento. Mientras que la ficción es mi vida y no concibo vivir sin escribir.

Normalmente los protagonistas de tus novelas son mujeres. ¿Cuando escribiste Amado amo, por ejemplo, te resultó difícil ponerte en la piel de Cesar Miranda?

Yo tengo dos protagonistas masculinos absolutos, en Instrucciones para salvar el mundo y Amado Amo, y un coprotagonista hombre en La hija del Caníbal. La mayoría de los protagonistas que escribimos los escritores pertenecen a nuestro propio sexo, hombres en los hombres y mujeres en las mujeres, y eso no significa nada. Yo no escribo sobre mujeres, escribo sobre el género humano, y la mitad más uno del género humano somos mujeres. Eso aparte, meterte en un personaje masculino, no solo en los protagonistas sino en todos, porque te tienes que meter en todos, no es más difícil que meterte en la cabeza de una mujer que no tiene nada que ver contigo. En ambos casos has de realizar el mismo viaje al interior de otra persona.

En tu último libro Historia del rey transparente la protagonista es una joven que lucha en un mundo de hombres en una época en que las mujeres eran relegadas en todos los ámbitos. ¿Podemos entender la novela como una reivindicación hacia las mujeres y su valía, en esta sociedad machista?

Hombre, en una primera instancia se puede ver esa interpretación, claro, se puede decir que la novela habla de las dificultades que han tenido las mujeres a lo largo de la historia y de cómo aun hoy muchas se tienen que seguir “disfrazando de hombres”, literal o metafóricamente (haciéndose los hombrecitos) para triunfar en el mundo exterior. Pero esto no es más que un rasgo exterior, evidente y superficial del libro. Es lo que menos me interesa. Lo que cuenta la novela es el trayecto de una vida, del aprendizaje de una vida. Y dentro de las cosas fundamentales que tenemos que aprender todos, hombres y mujeres, está la de encontrar nuestro propio lugar en el mundo y admitirnos tal y como somos, llegar a saber lo que queremos, quienes somos. Y esto nos sucede a todos, a hombres y a mujeres, creo que todos nos disfrazamos para ser aceptamos, y madurar, tanto para ellos como para nosotras, pasa por quitarte la armadura y ser capaz de ofrecer la carne blanda, desnuda y real que llevas debajo.

¿Quién debe decidir si un libro es bueno o malo?

No se puede decidir de ningún modo. Nadie se pone de acuerdo en eso. No hay una manera objetiva de juzgar si un libro es bueno o no.

¿...y quién lo decide realmente?

Obviamente, los responsables de las editoriales, en primer lugar; y ellos están influidos por las modas, las presiones del mercado, el momento económico de su propia editorial, etcétera etcétera.

¿Los premios literarios sirven para lanzar a nuevos escritores o son un simple proceso de marketing para grandes grupos y autores conocidos?

De nuevo depende mucho del premio literario. El Planeta, por ejemplo, es una operación obviamente comercial, una manera de hacer publicidad a determinados libros. Y desde luego no merece la pena que nadie desconocido envíe un libro a ese premio, porque no le va a servir de nada. Pero hay otros premios en los que sí es posible que salga premiado alguien nuevo, y eso ayuda mucho al primerizo. En general, y salvo excepciones, los premios más pequeños funcionan mejor.

¿Qué recomendaciones darías a nuestros autores noveles para que no se desanimen ante un mercado en el que resulta tan difícil destacar como el del libro?

Para escribir novelas hay que tener una paciencia de elefante. Paciencia, confianza, recordar que la primera novela de García Márquez fue rechazada por quince o dieciséis editores... Y además, disfrutar de la escritura. Es una actividad maravillosa, y eso no te lo quita nadie. Sigue escribiendo.