• Luis Antonio de Villena (incluído en la antología Aldea poética III - Haiku)

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  • Luis Eduardo Aute (incluído en la antología Aldea poética II - Poesía en acción)

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  • Paula Izquierdo (Incluída en la antología Lavapiés- Literatura mestizaje)

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  • Alicia Huerta - Delirios de persecución

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  • Javier Gutiérrez - Lección de vuelo

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  • Joaquín Simón Martínez - 1957

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  • Espido Freire (Incluída en Lo del amor es un cuento II)

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  • Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus

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Entrevista a:


Javier Gutiérrez

Javier Gutiérrez

Autor de Un buen chico

Javier Gutiérrez (Madrid, 1974) es licenciado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y ha trabajado como economista y editor. Con Lección de vuelo, su primera novela, consiguió en 2004 el VII premio Ópera Prima de Nuevos Narradores. De ahí que desde nuestra editorial le tengamos un cariño especial. En 2009 publicó Esto no es una pipa, novela con la que logró el premio Salvador García Aguilar. Además, ha resultado ganador del certamen de narrativa breve José Saramago 2008 y finalista del premio Tiflos de relatos de 2010. Javier Gutiérrez es noticia porque su tercera novela, Un buen chico, editada por Mondadori, acaba de llegar a las librerías de nuestro país. Aprovechamos esta circunstancia para entrevistarle.

Licenciado en Economía y escritor: eres un ejemplo de la "transversalidad" de la literatura. ¿Cómo has compatibilizado ambos mundos a lo largo de los años?

Hasta hace poco mal. Muy mal incluso. No es que trabajar en una oficina no te permita tener tiempo para escribir, es más bien una cuestión de identidad. Durante años he vivido esa lucha, la de evitar que el entorno socio laboral aplastase mi identidad como escritor o mi identidad a secas. Es como si sólo se pudiera ser una de las dos cosas, o empleado o escritor, o mejor dicho, como si las necesidades de cada una de esas actividades te obligaran a comportarte o sentir de forma opuesta. De hecho, Kafka utiliza casi esas mismas palabras para describir su desazón por regresar a su puesto de funcionario después de pasar toda la noche escribiendo. La metáfora que utiliza es la de desgarrarse, partirse en dos. De hecho, ese encono por preservar la identidad propia es uno de los conflictos recurrente en mi escritura. Por suerte, en este momento he conseguido un buen equilibrio entre mi vida profesional y mi identidad: trabajo diez horas a la semana en una oficina y el resto del tiempo lo dedico a escribir.

Empezaste a sonar "en serio" en 2005, cuando ganaste el premio Ópera Prima, que otorga nuestra editorial, con Lección de vuelo. ¿Cómo vive un escritor joven, que se abre camino en el siempre difícil mundo editorial, un hecho así?

Lección de vuelo llevaba cinco años en un cajón antes de presentarla al concurso de Ópera Prima. Cuando acabé de escribir la novela, en el año 2000, estaba seguro de que la podría publicar, tenía la íntima seguridad de que era una buena novela o al menos lo suficientemente buena como para llegar a las librerías. Sin embargo, con las primeras negativas me vine abajo. No volví a escribir durante esos cinco años, en poco tiempo dejé de soñar con conseguir publicar esa novela o cualquier otra. Me avergonzaba hasta de haber deseado alguna vez llegar a ser escritor. Y aun así, cada cierto tiempo, abría el cajón, releía la novela, cambiaba dos o tres comas de sitio y me reafirmaba en mi idea de que no estaba mal, al contrario: era exactamente lo que había deseado escribir. Supongo que ganar el concurso fue crucial para que volviera a escribir aunque aún tardara un par de años en comenzar mi segunda novela. Lo bueno de la vida es que tirar la toalla nunca es definitivo, siempre hay tiempo para recogerla del suelo y volver a empezar.

Hay escritores "disciplinados", por llamarlo así, de escritura diaria y a horas fijas, y otros que hacen su tarea a rachas, por impulsos. ¿Cómo desarrollas tú tu tarea?

Para mí escribir es un milagro, no un trabajo. La escritura de Un buen chico, por ejemplo, fue totalmente obsesiva. Desde que me levantaba hasta por la noche. Nunca llegaba a desconectar del todo del argumento. Era como si la historia tirase de mí en vez de lo contrario. Llegué a tener la sensación de que, si nada me interrumpía, podría acabar de redactar la novela de una sentada. Creo que esa sensación hipnótica, casi de trance, se ha trasmitido al texto de una forma muy evidente. Insisto, para mí escribir es algo casi sobrenatural, nada que ver con la autodisciplina y el orden. La buena literatura, o al menos la que me gusta a mí, siempre procede de un doloroso proceso de exploración interior.

¿Aspiras a vivir de la literatura o no te atrae la figura del escritor "profesional"?

Me encantaría vivir exclusivamente de escribir aunque fuera modestamente. De momento lo considero imposible, a pesar de estar publicando en una major. Estoy acostumbrado a vivir un poco a salto de mata: unas horas en la oficina, unos trabajos freelance, un contrato editorial, un artículo. Sin embargo, no deja de ser extraño que los autores sean los únicos agentes del proceso editorial que no pueden vivir de su trabajo. Aun así la gente sigue escribiendo libros maravillosos casi gratis. Ya digo, es un milagro.

¿Cuál es el futuro de la edición? ¿Crees que el libro en papel, tal y como lo conocemos, tiene las horas contadas?

Sí, creo que el e-book es el futuro. En cuanto se desarrolle una plataforma editorial tipo Spotify (acceso universal a los libros a cambio de una cuota mensual), las ventajas de tener un e-reader y poder acceder a todas las novedades por 15-20 euros al mes serán demasiado evidentes y concretas para el lector. Por cierto, también lo serán para el editor, que eliminará más de la mitad de sus costes, y para el autor, que recibirá un porcentaje mucho mayor sobre las ventas. El papel permanecerá en paralelo pero, como sucede hoy con los discos de vinilo, casi por un exclusivo sentimiento de nostalgia.

¿Cómo te ves como escritor dentro de diez años?

No lo tengo claro ni me preocupa demasiado, pero sí sé cómo no me veo: repitiendo la misma fórmula una y otra vez. Nadie sabe qué va a ocurrir en diez años pero, conociéndome, estoy seguro de que seguiré arriesgando en cada nueva novela.