• Luis Antonio de Villena (incluído en la antología Aldea poética III - Haiku)

    Luis Antonio de Villena (incluído en la antología Aldea poética III - Haiku


  • Luis Eduardo Aute (incluído en la antología Aldea poética II - Poesía en acción)

    Luis Eduardo Aute (incluído en la antología Aldea poética II - Poesía en acción)


  • Paula Izquierdo (Incluída en la antología Lavapiés- Literatura mestizaje)

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  • Alicia Huerta - Delirios de persecución

    Alicia Huerta - Delirios de persecución


  • Javier Gutiérrez - Lección de vuelo

    Javier Gutiérrez - Lección de vuelo


  • Joaquín Simón Martínez - 1957

    Joaquín Simón Martínez - 1957


  • Espido Freire (Incluída en Lo del amor es un cuento II)

    Espido Freire (Incluída en Lo del amor es un cuento II)


  • Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus

    Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del tractatus


Entrevista a:


Joaquín Simón Martínez

Joaquín Simón Martínez

Autor de 1958

Joaquín Simón Martínez nace en Madrid en 1940, en lo más duro de la posguerra. Cursó estudios de cajista en la Institución Sindical Virgen de la Paloma, y trabajó para la Biblioteca Nacional, el Bibliobús y las bibliotecas municipales. Su madrina literaria fue la escritora Marisa Villardefrancos. Trabajó bajo pseudónimo como escritor de novelas populares para las colecciones de la Editorial Rollán, consiguiendo gran popularidad. Su trabajo como escritor de las entonces fotonovelas le valió que Jaime D’Ors lo buscara como guionista para su debut como director, proyecto que se

concretó en la película Puente de invierno. La desaparición de estas editoriales populares y el hundimiento de la fotonovela le hicieron refugiarse en la hostelería, después de varias infructuosas tentativas de cambiar de género.

¿Cuándo empezaste a escribir?

Enseguida descubrí mi vocación, creo que en las primeras cartas que escribía ya había una clara intención literaria. Cartas que al día de hoy todavía me recuerdan sus destinatarios con emoción y agradecimiento.

¿Por qué escribes?

Quizá por ese deslumbramiento que se tenía del cine de Hollywood, se rodaban películas donde los escritores eran millonarios y tenían vidas apasionantes. Cuando descubres que eso no es posible, ya estás en la línea, sabes que no lo haces mal, entonces sigues adelante, ya no hay marcha atrás.

¿Cuáles son los escritores u obras que siempre te acompañan?

Soy muy clasicón, pero te voy a decir que mis dos libros de cabecera son Rebeca de Daphne Du Maurier y Los que vivimos, de Ayn Rand. De Ayn Rand me gusta todo, ese espíritu libertario que tiene esta señora me enamoró desde siempre. Leo a los autores nuevos que están saliendo y, o yo no estoy a la altura de las modernidades, o sigo echando de menos a los clásicos. Juan Manuel de Prada me sigue gustando, pero con muchos altibajos. Me enamoré de las Máscaras del héroe, y me gustó el Séptimo velo.

¿Qué manías, hábitos, rutinas tienes a la hora de escribir?

Ninguna. Escribo en mi despacho y no soy nada fetichista. Pero cuando escribíamos en la época de Franco, la manía que teníamos era la autocensura.

¿Qué se puede conocer de ti a través de tu obra?

Con los dos últimos libros, 1957 e Y te dirán que me han visto llorar... (1958), todo. Porque el 75% es biográfico. Y en los anteriores, siempre tendemos a poner cosas nuestras en los personajes. Pero no deliberadamente. Yo he estado muchísimo años sin escribir, porque las editoriales son fortalezas inexpugnables. Cuando mis amigos y mi familia, me animaron a que volviera a escribir, me acordé del año 1957, que fue un año muy emblemático para mí, y creo que quedó muy bonito el libro. Y luego igual, todo el mundo me decía que siguiera, que tenía que hacer el 58, que había quedado todo en el aire y me obligué al 58, pero ya nada más, ya de mi vida nada más; pero lo he hecho con mucho cariño y estamos recibiendo una respuesta muy positiva.

Tienes dos obras editadas con edición personal, ¿cómo ha sido la experiencia?

Estupenda. Te digo la verdad, porque yo soy aries y se me nota mucho cuando miento. Yo ya sabía de vuestra existencia, sabía el sistema, pero yo desde el momento en que crucé la puerta y hablé con Antonio, se estableció una corriente de amistad. Yo le dije: por favor, dime lo que piensas, cuando yo veo que alguien tiene esa confianza y me trata con afecto, pues te sientes a gusto.

¿Cuál es el motor de tu obra?

No lo sé, yo cometí una equivocación bastante grande, tuve mucho éxito en el género de bolsi-libro, luego estuve metido en el mundo de la fotonovela... Estaba en esa época a ganar dinero, eso sí, sin perder la dignidad porque tú sabes que no hay género ínfimo sino autor mediocre, yo no me arrepiento de nada. Pero luego me cansé, busqué una ocupación ajena a la literatura, viví bien, hasta que todos mis amigos se empeñaron y se empeñaron, y estoy muy contento de haber dado este paso.

¿Dónde te ves como escritor?

Mira, estos libros reflejan una época de España que me dice la gente que es como volver a caminar por las calles de Madrid del año 1958, y ahora lo quisiera hacer es reflejar un poco el mundo en el que estamos viviendo, y en ello estoy, no te digo más que me estoy tragando todos los programas del corazón, porque les voy a dar un palo en la próxima novela que se van a enterar...

¿Qué consejos le darías a un escritor novel?

Yo les diría que no se metieran a escritores porque es un camino de espinas terrorífico, pero si de verdad descubren que quieren ser escritores, que luchen contra viento y marea, que no se acobarden. Tampoco creo en los premios literarios, los que quieran seguir este camino lo van a tener muy duro. El camino es trabajar y mejorar. Cuando escribas un libro escríbelo con cariño, con toda tu fuerza; yo creo que los que siguen y siguen y siguen son los que merecen triunfar.