• Luis Antonio de Villena (incluído en la antología Aldea poética III - Haiku)

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  • Luis Eduardo Aute (incluído en la antología Aldea poética II - Poesía en acción)

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  • Paula Izquierdo (Incluída en la antología Lavapiés- Literatura mestizaje)

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  • Alicia Huerta - Delirios de persecución

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  • Javier Gutiérrez - Lección de vuelo

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  • Joaquín Simón Martínez - 1957

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  • Espido Freire (Incluída en Lo del amor es un cuento II)

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  • Agustín Fernández Mallo - Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus

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Entrevista a:


José Ignacio García

José Ignacio García

Autor de Pantanos de la cordura

José Ignacio García (Talavera de la Reina, 1968) estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y, actualmente, trabaja en una empresa multinacional como profesional de la comunicación, lo que no le impide prolongar su afición por idear historias y estudiar el comportamiento de sus semejantes. Pantanos de la cordura es su primera obra publicada y supone un reto a la capacidad del lector para reconocerse en los rincones menos felices de su personalidad.

Empezando por lo más reciente, ¿qué ha supuesto en tu caso editar tu primer libro con edición personal?

Ante todo, sacarme de encima una especie de pudor que me impedía muchas veces reconocerme como escritor. Todo el mundo puede decir que es ingeniero o médico si ha estudiado esas carreras, aunque no ejerzan como tales y trabajen en otras cosas, pero si dices que eres escritor lo primero que la gente te va a preguntar es: “¿Qué libros has publicado?”. Es decir, no vale que simplemente escribas. Es necesario publicar.

¿Qué te resultó más atractivo?

La forma en que nos trataron, tanto a mí como a mi obra. Lo más habitual cuando envías algo a las editoriales es que nadie te responda, o, como mucho, te remitan una carta estándar e impersonal que de alguna forma te da a entender que nadie se ha leído tu libro. El hecho de que puedas hablar cara a cara con personas que demuestran interés por tu trabajo y a la vez no te intentan vender fantasías inalcanzables es motivo más que suficiente para decidirse.

¿Cómo te sentiste la primera vez que viste tu libro a la venta en una librería?

Feliz, satisfecho, aliviado, orgulloso... Es una alegría efímera y muy íntima, pero te sientes como esos futbolistas que le marcan un gol al Real Madrid en el Bernabéu, aunque al final no sirva para ganar el partido.

¿Qué ventajas tiene, a tu juicio, publicar en un sello independiente?

La libertad, por encima de todo. Desde las cosas más sencillas, como elegir el título del libro o participar en el diseño de la cubierta, hasta otras más serias, como la posibilidad de arriesgar en los contenidos y ofrecer propuestas originales o fuera de lo común.

¿Cómo nació Pantanos de la cordura?

Supongo que fue un proceso similar al de una de esas recopilaciones de "grandes éxitos", tan habituales en el mundo de la música. Lo que hice fue seleccionar aquellos textos que creí mejores y más representativos de mi personalidad como autor, de entre todo lo que había escrito en los últimos 8 o 10 años. Una vez elegidos los relatos, me di cuenta de que había un denominador común: ninguno de los personajes era ni por asomo lo que conocemos vulgarmente como “héroes”.

¿Cómo llegaste a concluir que la locura es el chivo expiatorio de nuestros defectos, por observación o por experiencia?.

Digamos que por ambas cosas. Por ejemplo, cuando ocurrieron los atentados de Madrid el 11-M, escuché a mucha gente referirse a los autores de la masacre como “locos”. Es natural que reaccionemos así, pero se debe más a nuestra propia incredulidad de que eso sea posible que a la verdadera salud mental de quien lo ha perpetrado. Yo creo que los terroristas son muy conscientes del daño que hacen, y por eso mismo no son locos, sino “cuerdos enfermos”.

¿Estamos ante una conclusión o una hipótesis?

Es la conclusión a la que yo he llegado a base de observar a mi alrededor. Si llamamos “loco” a un criminal o a alguien que nos parece impresentable, o ridículo, es sencillamente porque no queremos sentirnos identificados con él. Cuando suceden esos casos tan espeluznantes de alguien que ha asesinado a toda su familia y luego se ha suicidado, los vecinos suelen decir: "Era un tipo normal, nunca lo hubiera imaginado". Si se tratara realmente de un loco, alguien habría notado algo extraño en su comportamiento, ¿no? Además, en este caso el suicidio demuestra (como en el caso de los terroristas) que esa persona era consciente del mal causado.

¿Qué lógica seguiste al estructurar todos los relatos dentro de la obra?

Por volver al símil musical, imagino que el criterio sería parecido al que un cantante o grupo sigue para ordenar las canciones en un disco. Intentas empezar con dos o tres piezas que impacten, que enganchen, y que a la vez puedan demostrar tu versatilidad y capacidad de sorpresa. Después vas alternando los ritmos lentos con los trepidantes, y, en medio de todo ello, haces un hueco para lo extravagante o lo experimental. Creo que el libro está bastante compensado en ese sentido, ya que lo que más temía era que el lector pudiera abandonar a mitad de camino por culpa de una mala distribución.

¿A partir de ahora, después de la publicación de Pantanos de la cordura, cuáles son tus proyectos literarios?

En breve se va a publicar un libro titulado Sobras completas, en el que hemos colaborado varios autores con un relato cada uno. Si todo va bien, a lo largo del 2006 publicaré mi primera novela, y ahora mismo estoy trabajando en un libro para niños que me han encargado dentro de un programa de fomento de la lectura en Madrid.

¿Por qué un libro de relatos y no una novela?

Me costó decidirme, pero al final pensé que para un debutante tal vez fuera mejor el relato, ya que permite que muestres todos los registros de los que eres capaz, y eso es bueno cuando aún nadie te conoce. Soy consciente de que la novela es el género favorito de los lectores, pero tal como se lee hoy en día (en el transporte público o la sala de espera del médico), el relato también constituye una opción muy apropiada.

¿Qué locura narrativa te gustaría haber escrito?

Me encanta jugar con la realidad, que es (igual que la cordura) un concepto sobrevalorado y más frágil de lo que creemos. Por ejemplo, me gustaría escribir un libro totalmente ficticio, pero diciendo que está basado en hechos reales, y comprobar después cómo reacciona la gente; o bien partir de un contexto real e introducir en él un elemento falso que fuera casi imposible de descubrir... No sé, de hecho, tal vez lo haga algún día.

He recurrido al recurso de la locura para justificar... excusar... o evitar que me identifiquen con...

Nunca debe utilizarse la locura como excusa, ya que, el hecho de ser capaz de reconocerla implica precisamente que no se padece. No obstante, puede que en alguna ocasión le haya dicho a una chica que estaba “loco” por ella, aunque ahora creo que el enamoramiento es probablemente la variante de "cordura enferma" más palpable y común que existe.